Mi experiencia positiva con el tratamiento osteopatico

Mi nombre es Marcos, soy enfermero de profesión y tengo 46 años; me gustaría compartir mi experiencia con la osteopatía por si ello pudiera ayudar a alguien.
Desde muy jovencito…me viene a la memoria mi primera lumbalgia con 17 años y a partir de ahí un montón de ellas más. Mi vida personal y profesional durante más de dos décadas se vio marcada por mis problemas de espalda…soy incapaz de calcular cuántos pinchazos de antiinflamatorios me he puesto sin contar las bajas laborales por el mismo problema. No puedo decir que durante mi juventud haya sido una persona muy deportista pero quizás el principal factor no fue el no querer sino el no poder. Pasan los años y si a las responsabilidades laborales y profesionales le sumas la vida sedentaria y el poco control dietético hacen el cóctel perfecto para sin apenas darte cuenta ser un individuo con un sobrepeso importante que lo único que hacen es empeorar tus problemas de salud en general y en particular, en mi caso, los de espalda. Pero te vas acostumbrando y por dejadez o simplemente por apatía no pones remedio.

Un buen día en el trabajo surge un grupo de senderismo que me devuelve muchas ganas e ilusiones por hacer cosas nuevas y marcarte pequeños objetivos de salud….al principio fue bien porque a pesar de mis kilos era y soy una persona vital y disfruté durante un tiempo de esta actividad sin problemas. Pero la espalda volvió a decir aquí estoy y esta vez fue bastante peor…los dolores eran mayores, la respuesta a los tratamientos menor y entré en una espiral de desánimo y desesperanza… mi vida se convirtió en un infierno…. más bajas, médicos, pruebas y todo ello sin ver resultados de mejoría.

Cuando ya estaba tocando fondo apareció C. Rosa, una compañera del trabajo, que ante tanta oscuridad intento poner un poco de luz en mi vida y me habló de Pepe, su osteópata. Reconozco que cuando peor estaba de dolor y de movilidad no iba muy convencido a lo que me pudiera decir “ese señor” ,pero de perdidos al rio y me animé a probar. Previo a la consulta recuerdo que durante unos días me tome una medicación de homeopatía que según me explicó mi compañera era para allanar el tratamiento que posteriormente me daría “Pepe”. Fue ella quien me acompaño a mi primera visita y me presentó a quien hoy, después de tantos años sigo llamando San Pepe Cabrera. Mi primera sesión la recuerdo con horror y no estoy seguro de no haber soltado alguna lagrimilla de dolor. Estaba tan mal que a los pocos días volví a por una segunda sesión que aunque dolorosa fue más llevadera…. Simplemente no me lo podía creer, a los dos días de la segunda sesión había dolor pero me ponía de pie sin tener que ir adoptando la bipedestación de forma progresiva. Las sesiones se fueron espaciando y en un mes sorprendentemente mi vida había cambiado. Regularmente una vez al mes visitaba al que ya consideraba mi osteópata de cabecera y mi vida fue tomando la tan ansiada normalidad.

Podría acabar mi historia aquí pero lo mejor estaba por venir para mí porque siempre me había gustado correr pero después de los 18 o 19 años no lo había vuelto hacer básicamente porque no podía. En ese momento tenía 42 años y se me ocurrió preguntarle a Pepe que si yo podría hacer algo de ejercicio y se lo planteé directamente; recuerdo que le dije.- Pepe, tu crees que yo pueda empezar a correr algo, ya que en su día un neurocirujano me dijo que lo único que podría hacer en adelante era nadar. Nadar está bien pero a mi me aburre soberanamente y el me contestó con toda la tranquilidad del mundo: “que nade él, si tu quieres correr empieza muy poquito a poco y si no puedes correr será tu cuerpo el que te de la señal de que no puedes”… Y así lo hice, el 1 de agosto de 2013 me fui a caminar y durante un par de minutos corrí… al día siguiente lo mismo pero aumentando los minutillos que corría… y no solo conseguí correr sino que ese mismo año, en noviembre, sin pensarlo me vi apuntado con un familiar en una carrera de montaña de 13 km que tenía como objetivo ser terminada… ¡y la terminé!. Y como esto de las carreras engancha, me apunto a unas cuantas al año desde entonces; corro de manera habitual tres o cuatro veces por semana, mis hábitos de alimentación han cambiado y he perdido aproximadamente 15 kilos sin dietas específicas.

Soy más feliz porque hago cosas que me agradan, sirvo de ejemplo a mis hijas y no me he vuelto ha pinchar antiinflamatorios desde que conozco a Pepe. Eso sí, mi ITV mensual no me la quita nadie y cada vez que voy a la consulta me voy con la cita del mes siguiente.

No pretendo convencer a nadie pero si alguien lee esto y se siente desesperado y con poca salida yo simplemente le cuento mi experiencia, porque para mi hay un antes y un después.

Fdo. Marcos. Las Palmas de Gran Canaria 01 de Julio de 2017

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